Viaje, muerte y coincidencias

Como si fuéramos hijos de una misma coincidencia, te encontré hace unos días mientras apuraba los pasos en la luz verde de un semáforo. Después del clásico saludo, me apresuré en preguntarte por la celebración de tu cumpleaños. Y tu respuesta trajo a colación el mismo rostro de pena que he visto en los espejos donde a veces me he mirado con detención. Tu abuelita acababa de morir. Y tu sincera confesión desgarró el liviano muro interior con el que había encerrado a la pena durante el último tiempo.

Tu rostro se perdía en el horizonte. Quizá buscando un punto fijo desde donde ordenar las ideas y evacuar sentimientos sin volver quebrantarse. Te escuchaba mientras mis venas bombeaban una y mil veces litros y litros de empatía. Y y vi en tu mirada la cicatriz que deja este tipo de golpes repentinos. Aquella fisura gélida que te deja al borde del abismo cuando la vida te recuerda que es efímera para todos. Y que se subraya cuando el que se despide, sin avisarte, es uno o una de los que llamas seres queridos (o amados).

Tu confesión terminó y yo seguía retrocediendo los meses, hasta enfrentar de nuevo la causa de esta herida aún sin comprender. Ironías de la vida: un golpe. Un ataque al corazón. Causa de la repentina despedida de nuestras abuelas. ¿Cómo puede fallar el corazón de una persona que tanto nos entregó? Ese músculo gigante que nos cobijó una y mil veces, bañándonos con su miel de amor eterno, en un segundo, se detuvo para alejar del plano físico a esas dos mujeres que hoy nos tienen cubiertos por el velo eterno de la melancolía.

"Finalmente, esta vida es tan frágil", nos dijimos al unísono. Nos despedimos y yo continué mi ruta rumiando estos y otros pensamientos que ya visualizaba convertidos en líneas de expresión. Una manifestación abierta y en memoria de mi abuelita y tu abuelita. De tu tristeza y de la mía. Fruto del azar y del asombro de ver en una esquina cualquiera, cómo el primer aniversario de la muerte de mi abuela estará engarzado con el fallecimiento de una de tus mujeres importantes.

"Una persona muy querida no muere y eso llena la vida de otro sentido". Esta frase creada por ti y puesta en tu facebook, querido amigo Demetrio, es una muestra corpórea e indiscutible de la fe, la aceptación y la hidalguía. Y que cuando la vi, trajo sentido a miles de pensamientos nostálgicos que por estos días invaden mis ensoñaciones.

Me apresto a viajar y, al igual como viene ocurriendo con mi Tata Víctor hace varios años, me preparo también para cumplir un ritual de memoria, agradecimiento y encuentro. En las lejanas tierras de Combarbalá acudiré una vez a una misa de aniversario para elevar mis plegarias y solicitar fortaleza y consuelo. Es un traslado que como imaginarás, es casi obligado  y no excento de rechazo de mi parte. ¿Por qué ir a un lugar donde ya no estarán jamás las personas con las que siempre pensé encontrarme? ¿Ese tipo de lugares tienen la misma validez cuando no hallas en ellos los rostros clave de tu historial de afectos? No sé qué puede ser peor. Intentar no ir y volver a construir tu muro interno para continuar evadiendo. O asumir que los recuerdos, tarde o temprano, dejarán de clavar gélidamente tu corazón.

Leo hoy un libro de ensayos que habla precisamente de los viajes, siendo definidos por Pico Iyer (autor citado por quien firma el libro) como "el lugar donde se unen las ilusiones". Y unas páginas más adelante se escribre lo siguiente: "(...) ya está casi comprobado que las mejores ideas suceden cuando se está en movimiento".

Y eso espero, apreciado partner de las letras. Probar el dulce elixir de mis ilusiones, y descubrir que más allá de las lágrimas que me embargan, en alguna esquina o lugar familiar de antaño, aún me aguardan mis tatas dispuestos a abrazarme una vez más. Estoy seguro que desean alimentar mi ilusión. Y enseñarme que "una persona muy querida no muere y eso llena la vida de otro sentido".

Hoy, aunque sea de a cucharadas, trato de llenar mi vida y darle otro sentido a la ausencia de ambos. Es duro. Pero como citaba antes, quiero que este viaje una mis ilusiones y pueda ver lo que tanto añoro. Y si lo logro, estimado, puede que hasta encuentre a tu abuelita siendo amiga de la mía. Felices de estar en compañía del de arriba y por el confort que les provoca el descanso eterno.

Ahora me despido pensando en emprender este viaje ritual de tristeza y ausencia. Pero estaré en movimiento. Y aunque la sensación predominante seguramente será amarga, ten por seguro que podré atrapar alguna buena idea en medio de mis ensoñaciones.

Ojalá, más adelante, seamos hijos de una coincidencia alegre y ya curada de la fría bofetada de la muerte.

Un abrazo para ti, amigo.

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