jueves, enero 12, 2017

La muerte de una estrella de rock

Escribo ahora esto, sentado en mi oficina en la mitad de esta tarde de verano antes de que la idea que me sorprendió (o quizá me golpeó) hace unos instantes me abandone para siempre, al igual que el sueño que me angustió esta madrugada.

Primero: Tengo una compañera estacionaria de oficina. Se llama Constanza y está aquí por un trabajo estival de telefonista. A menudo hablamos y me comenta cosas sobre las canciones que salen diariamente de los parlantes de mi computador.

Un día hablamos de su fanatismo por Björk y de mi reciente acercamiento a la música de esta islandesa.

Pero hoy todo fue distinto. Hole sonaba en la radio y me preguntó quién tocaba la canción. Y luego que le hablara de quién era Courtney Love, me dijo con el relajo que barniza su juventud: "Ah, ella. Ella debe haber matado a Kurt Cobain. Yo nací el mismo día de la muerte de Kurt Cobain".

La coincidencia de fecha me dejó atónito. Tuve que lanzar rápidamente una broma para no mostrarme avergonzado.

En los segundos que vinieron luego de que se retirara de la oficina, un rápido racconto vino a mi mente sobre cómo era la ciudad en esos años. Sobre lo que me ocurría en esos días. Sobre qué estaba haciendo cuando supe de la muerte de Cobain (no lo tengo claro, pero sí recuerdo haber hablado con un compañero de liceo en la micro acerca del disco unplugged póstumo que salió por esos días). Y sobre las cosas buenas y malas (principalmente éstas últimas) que acaecieron en mi vida en aquellos días, en que claramente habitaba una urbe en demasía distinta a la actual, pero de la que no logro fijar muchos recuerdos en mi mente.

Segundo: Antes, o quizá después de la declaración de mi compañera de oficina, vi en facebook la foto de la hija de una amiga de aquellos tiempos liceanos. Bajo el rótulo "Primer día en el paraíso", la chica se ve en una playa consignada como Portofino.

La madre de esa niña (desconozco su nombre) se llama Andrea. Es la hermana de mi compañero de banco desde segundo a cuarto medio, y en ella encontré lo más parecido a una buena amiga en aquellos años de Caballeros del Zodíaco, grunge, Extra Jóvenes, radio y revista Rock & Pop, amores no correspondidos -¿o platónicos?- y sufrimiento, tanto real como autoinfligido.

Creo que en esa época pensaba mucho más que ahora. Y no de forma filosófica, sino que meramente especulativa ante los sucesos que me ocurrían y que también bailaban en la potencial ocurrencia futura. En casa no había teléfono y mi comunicación con los demás se basaba en caminar y golpear puertas sin la certeza de hallar a mis interlocutores, en pedir prestado unos minutos de teléfono, y en leer cartas y pequeños mensajes que la Andrea me mandaba con el Johnatan.

Aún guardo las cartas de la Andrea desde Portofino, en ese verano soleado y solitario para mí. Creo que la televisión, el "pasarme rollos", la angustia de no tener un amigo cerca, la inseguridad de no saberme lo suficientemente atractivo con el sexo opuesto, además de un inevitable encierro en mi pieza fueron mis únicos compañeros, mientras escribía respuestas y aguardaba la llegada del cartero con una nueva misiva de mi amiga.

Kurt Cobain murió. Hoy siempre se le recuerda en radios y en textos de portales web (algo que jamás concebimos en aquellos días: que seríamos espectadores y luego usuarios y parte de esta nueva revolución mundial de la información) y los niños y niñas que vinieron al mundo en ese y en años posteriores se mueven por la universidad en la que trabajo sin siquiera concebir lo que esos calendarios significaron para mí, y quizá también para quienes eran mis amig@s en aquellos días.

El tiempo pasa. Todo cambia y un eterno bla, bla de lugares comunes vienen a mi cabeza también. Pero por sobretodo, lo que más profundamente se inserta en mi memoria, es la idea de que aquellos días eran lentos. Las estaciones marchaban al ritmo de las carretas (como decía don Álvaro Ruiz) y pensar en el año que vendría, o en dos años más hacia adelante, nos brindaban la idea de no preocuparnos. De seguir inmersos, ciegos, mudos y despreocupados en nuestro día a día.

El mañana se avizoraba lejano. Como un ínfimo punto apenas trascedente en el horizonte de la vida que nos esperaba más allá.

Hoy no sabemos. O no sé, donde quedó ese punto. Y si lo que creí residía allí, se parece a lo que tengo ahora. A donde me muevo ahora. Con mis convicciones, gustos, miedos y anhelos actuales.

Kurt Cobain murió y lo seguimos recordando como un evento cultural que marcó, de una u otra forma, lo que ocurría a nuestro alrededor.

Y para otros esa muerte fue su comienzo en esta loca carrera por crecer, hacerse cargo e intentar ser feliz.

El tiempo sigue galopando salvaje colina abajo. Y nosotros aún intentamos comprenderlo, asirlo y creer que somos, por autonomasia, sus auténticos dueños.

1 comentario:

NUBIRI dijo...

Me han encantado como has presentado tus recuerdos y reflexiones acerca de esa época pasada. Evocación y nostalgia es lo que me provoca leer tus palabras.