miércoles, mayo 02, 2007

Movimientos

"El remezón no vino de a poco. En realidad, nada viene de a poco en esta vida. Todo acaece tal como en los terremotos: de sopetón. Somos nosotros los que vivimos de a pizcas".
Ana María Del Río, Pandora
Comenzando una nueva lectura, la frase citada, que aparece destacada en medio de una plana vacía, me permitió, de cierta forma, reafirmar algunas cosas que rondaban por mi cabeza hace unos días.
Acerca de que cuando ciertos sucesos -que acaecen porque simplemente una fuerza natural, divina o del destino determina que sea así- se vienen sin mayores señales previas, su impacto es descolocador y anestesiante, dando espacio a sentimientos encontrados que también se descargan con la misma velocidad y fuerza que una fuga de gas o líquido de una vieja cañería.
Y es cierto. Vivimos de a pedazos a veces. Nos encantan los procesos, los proyectos; el entregarse al devenir del paso del tiempo, sin advertir que hay tantas veces que la vida misma nos pide ser concretos, certeros, precisos, inmediatos; aunque el error, la equivocación y el arrepentimiento ronden cada acto fallido.
Y depende de cada suceso también.
Hay veces en que después de recibir el golpe, suelo caer en la reflexión de si es menos doloroso el sentir la espada clavada mediante un certero golpe, o a través de numerosos y pequeños ataques sucesivos. El dolor a veces no deja ver bien cuánta sangre queda derramada.
Y vivimos así. A veces sin advertir señales previas, o meramente sin sentirlas. Un poco anestesiados. Pero confiados también en que la coraza ante lo improbable es más fuerte de lo que pensamos.
"Durante los terremotos la gente siente todo el miedo que no siente cuando, en sus propias vidas, el piso se les mueve. Esto es natural. El ser humano fue construido como un edificio antisísmico; a lo más, intuimos que nos estamos moviendo mucho, porque algo malo está sucediendo, pero algo nos protege de captar la verdadera dimensión. Por eso a la mayoría nos nos pasa nada. No nos pasa tanto. Algunos quedan con los cimientos dañados, aunque lo cierto es que la mayoría sobrevive de lo más bien. Sólo años después algunos captan que lo que les tocó fue una catástrofe, pero ya es tarde"
No sé si todo quepa categorizarlo como catástrofe. Sólo sé que después bastante tiempo, advertí como nunca cuando el piso se ha movido. Repentino y profundo.
Tampoco estoy seguro de si son réplicas de antiguos movimientos.
Pero si podría afirmar que aquella vieja grieta en los cimientos, que creí reparada, hoy amenaza con su conversión en una falla definitiva, vital.
Sin posibilidad de separarla del todo.
Si se vuelve todo a caer de pronto, espero salir fortalecido de entre los escombros.