viernes, marzo 06, 2009

Lo mejor de ti

Rob Gordon, en ‘Alta Fidelidad’ decía que realizarlo requería de precisión y dedicación para que cada pieza encaje y fortalezca el todo.

No recuerdo si el personaje interpretado por John Cusack lo dijo así exactamente, pero en aquella escena, audífonos colgando del cuello y con un casette en la mano, el tipo intentó graficar lo que para un fan de la música (amplia y diversa, pero cruzada por el egocéntrico discurso del ‘buen gusto’) puede llegar a representar el simple acto de condensar en algún soporte musical un puñado de canciones.

Temas para una novia, acompañar un largo viaje o para hacer más llevaderas las horas frente a un PC. Los motivos para aglutinar diversos intérpretes, estilos y temáticas sonoras se pueden contar infinitamente, y no hay, creo, otro momento más cercano para sacar fuera al Dj mezclador que más de alguien lleva dentro.

Los avances tecnológicos han favorecido también este proceso artesanal de resumir sonoridades. Si en gran parte de los 80’s y 90’s los compilados se hacían apretando juntas las teclas ‘rec’ y ‘play’ del viejo equipo stereo, cuidando que no se colara la voz del locutor o un aviso comercial de la radio favorita; una década más tarde todo se simplifica arrastrando el tema escogido dentro del playlist del reproductor personal.

Hoy me atrevo a afirmar que muchos circulamos por la vía pública inmersos bajo nuestros audífonos, y tarareando los compendios sonoros que previamente organizamos seleccionando un tema de aquí y de allá. Hace unas semanas mi fugaz compañera de viaje en un bus interprovincial me lo confirmó. Tras girar el tema de conversación hacia la música, le lancé mi clásica interrogante sobre qué llevaba en su reproductor, ante lo cual contestó con un simple: “de todo. Escucho de todo en mi mp3”.

En mi caso particular, la ausencia de radios del tipo Horizonte y Zero del dial regional me obligaron hace ya un buen tiempo a crear un popurrí con diversas canciones presentes en mi PC personal, las cuales trasladé a una carpeta que ilusa e inexplicablemente tildé como “cosas que me gustan”. De esta forma hago un poco más apacible el retorno a casa tras la jornada laboral, sobre todo cuando la radiofonía de la zona se ha encargado de dejarme al margen conforme pasa el tiempo.

Quizás esto de seleccionar, ordenar y apretar play a lo que más nos gusta es una suerte de extrapolación de actos cotidianos de la vida misma, en que todo pasa y gira tan galopante que ya no queda tiempo para dar largas repasadas al ‘todo’. Cuando estás conociendo a alguien que te interesa, o al enfrentar una entrevista de trabajo, debes escoger y sacar fuera lo mejor de ti para agradar y convencer. Es decir, y haciendo una rara analogía, vas y compilas lo mejor de tus rasgos para entregárselo a alguien.

Claro, quedan varios ítems fuera y bajo la sombra de lo desconocido, pero es parte, o la gracia de entregar las mejores compilaciones del ‘yo’. Lo demás (lo malo, lo no atrayente) lo guardamos para más adelante. Lo que importa primero es convencer con lo mejor de lo nuestro. Como aquellas compilaciones que suenan bien y gustan tanto desde el primer al último tema. Convincentes y ‘redonditas’. ‘Lo mejor de lo mejor’.