lunes, julio 06, 2015

Viaje, muerte y coincidencias

Como si fuéramos hijos de una misma coincidencia, te encontré hace unos días mientras apuraba los pasos en la luz verde de un semáforo. Después del clásico saludo, me apresuré en preguntarte por la celebración de tu cumpleaños. Y tu respuesta trajo a colación el mismo rostro de pena que he visto en los espejos donde a veces me he mirado con detención. Tu abuelita acababa de morir. Y tu sincera confesión desgarró el liviano muro interior con el que había encerrado a la pena durante el último tiempo.

Tu rostro se perdía en el horizonte. Quizá buscando un punto fijo desde donde ordenar las ideas y evacuar sentimientos sin volver quebrantarse. Te escuchaba mientras mis venas bombeaban una y mil veces litros y litros de empatía. Y y vi en tu mirada la cicatriz que deja este tipo de golpes repentinos. Aquella fisura gélida que te deja al borde del abismo cuando la vida te recuerda que es efímera para todos. Y que se subraya cuando el que se despide, sin avisarte, es uno o una de los que llamas seres queridos (o amados).

Tu confesión terminó y yo seguía retrocediendo los meses, hasta enfrentar de nuevo la causa de esta herida aún sin comprender. Ironías de la vida: un golpe. Un ataque al corazón. Causa de la repentina despedida de nuestras abuelas. ¿Cómo puede fallar el corazón de una persona que tanto nos entregó? Ese músculo gigante que nos cobijó una y mil veces, bañándonos con su miel de amor eterno, en un segundo, se detuvo para alejar del plano físico a esas dos mujeres que hoy nos tienen cubiertos por el velo eterno de la melancolía.

"Finalmente, esta vida es tan frágil", nos dijimos al unísono. Nos despedimos y yo continué mi ruta rumiando estos y otros pensamientos que ya visualizaba convertidos en líneas de expresión. Una manifestación abierta y en memoria de mi abuelita y tu abuelita. De tu tristeza y de la mía. Fruto del azar y del asombro de ver en una esquina cualquiera, cómo el primer aniversario de la muerte de mi abuela estará engarzado con el fallecimiento de una de tus mujeres importantes.

"Una persona muy querida no muere y eso llena la vida de otro sentido". Esta frase creada por ti y puesta en tu facebook, querido amigo Demetrio, es una muestra corpórea e indiscutible de la fe, la aceptación y la hidalguía. Y que cuando la vi, trajo sentido a miles de pensamientos nostálgicos que por estos días invaden mis ensoñaciones.

Me apresto a viajar y, al igual como viene ocurriendo con mi Tata Víctor hace varios años, me preparo también para cumplir un ritual de memoria, agradecimiento y encuentro. En las lejanas tierras de Combarbalá acudiré una vez a una misa de aniversario para elevar mis plegarias y solicitar fortaleza y consuelo. Es un traslado que como imaginarás, es casi obligado  y no excento de rechazo de mi parte. ¿Por qué ir a un lugar donde ya no estarán jamás las personas con las que siempre pensé encontrarme? ¿Ese tipo de lugares tienen la misma validez cuando no hallas en ellos los rostros clave de tu historial de afectos? No sé qué puede ser peor. Intentar no ir y volver a construir tu muro interno para continuar evadiendo. O asumir que los recuerdos, tarde o temprano, dejarán de clavar gélidamente tu corazón.

Leo hoy un libro de ensayos que habla precisamente de los viajes, siendo definidos por Pico Iyer (autor citado por quien firma el libro) como "el lugar donde se unen las ilusiones". Y unas páginas más adelante se escribre lo siguiente: "(...) ya está casi comprobado que las mejores ideas suceden cuando se está en movimiento".

Y eso espero, apreciado partner de las letras. Probar el dulce elixir de mis ilusiones, y descubrir que más allá de las lágrimas que me embargan, en alguna esquina o lugar familiar de antaño, aún me aguardan mis tatas dispuestos a abrazarme una vez más. Estoy seguro que desean alimentar mi ilusión. Y enseñarme que "una persona muy querida no muere y eso llena la vida de otro sentido".

Hoy, aunque sea de a cucharadas, trato de llenar mi vida y darle otro sentido a la ausencia de ambos. Es duro. Pero como citaba antes, quiero que este viaje una mis ilusiones y pueda ver lo que tanto añoro. Y si lo logro, estimado, puede que hasta encuentre a tu abuelita siendo amiga de la mía. Felices de estar en compañía del de arriba y por el confort que les provoca el descanso eterno.

Ahora me despido pensando en emprender este viaje ritual de tristeza y ausencia. Pero estaré en movimiento. Y aunque la sensación predominante seguramente será amarga, ten por seguro que podré atrapar alguna buena idea en medio de mis ensoñaciones.

Ojalá, más adelante, seamos hijos de una coincidencia alegre y ya curada de la fría bofetada de la muerte.

Un abrazo para ti, amigo.

miércoles, junio 17, 2015

“Paisaje sonoro”: Rectángulos de memoria y emoción

Un viaje. Un traslado multicolor, con múltiples estaciones que se dispersan a lo largo y ancho de un salón. Uno puede ser pasajero. O conductor. Todo reside en qué tan abierto esté el corazón y la memoria para ser parte de la nueva exposición pictórica de la creadora alemana, Uta María Stang.

“Paisaje sonoro” es el título que agrupa a las pinturas de autoría de la artista germana que engalanan nuevamente al museo histórico Gabriel González Videla de La Serena, y que hace unos días se inauguró para sumar nuevos pasajeros dispuestos a dejarse llevar por el poder evocador de cada cuadro.

Cuadros. O más bien rectángulos. O más bien, ventanas. Sí. Ventanas. Dispuestas a ser abiertas y fluir cálidamente junto los colores e imágenes que constituyen su esencia representativa. Ventanas que atestiguan este traslado. Como si el espectador fuera efectivamente pasajero de un tren que sube, baja, dobla y avanza por un cúmulo de emociones y parajes evocadores.

Y citar la palabra “evocar” no es un mero antojo. Cada rectángulo que contiene las pinturas y grabados de Uta María Stang resulta una inexcusable invitación a echar a andar la memoria y la imaginación. A quizá convivir con la inspiración primigenia de la artista, y concluir construyendo un nuevo todo mental. Un conjunto moldeado en base a trozos de recuerdos, a ensoñaciones presentes y a colores imposibles de pasar por alto.

En medio de esta paleta tonal, que encuadra diversas pinturas y grabados al hueco o aguatinta, aguafuerte y punta seca, existen -para el caso de quien firma estas líneas, entre otras, dos piezas que se graban a pie firme en la memoria. Para el primer caso, la pintura “Espejo de espigón”, que en tonalidades invernales se erige como un pedazo de gélida y blanquecina soledad. Como si la artista hubiese arrancado un paraje cercano al polo y lo condesara quieto y silencioso frente a la apreciación del público.

Y en cuanto a los grabados, “Encuentro en el puente” conduce a la fugacidad metafórica de una inusual conexión sobre una estructura fluvial, donde muchas veces, además de unir dos riberas distantes, se pueden concatenar dos almas furtivas. Quizá para el inevitable inicio de una historia conjunta, o bien, para un necesario y humano adiós, al son del eterno fluir que desfila bajo los pies. Un encuentro. Un abrazo. La soledad en ciernes. Todo podría ocurrir en ese puente.

En suma, este tren viaja. Pero también obliga a detenerse con atención en cada estación. Para palpar la melodía de las formas y trazos. Para degustar cada pasaje sonoro y trasladarse a las esferas que se deseen. Desprendiéndose de las certezas y arrojándose manso al devenir de lo probable. De lo que está por venir. O de la ya que ocurrió. Porque el trabajo de Uta María Stang, con la ayuda de quien aprecie cada recuadro con atención, permite desafiar al tiempo.

Sólo es cuestión de ubicarse en el punto de partida que se desee. Y desde allí, abrir el cofre de la imaginación desde la primera estación. 

Basta sólo con elegir la dirección y embarcar.

La transposición. El viaje, sin necesidad de un agrio jet lag, está garantizado para quien desee hacerse pasajero de este traslado creativo, y así, quebrar la rutina del horizonte.

La exposición “Paisaje sonoro” estará abierta, con entrada liberada, hasta el sábado 27 de junio de2015 en el  museo histórico Gabriel González Videla de La Serena. Horarios: Lunes a viernes de 10:00 a 18:00 horas, y los sábados y feriados de 10:00 a 13:00 horas.