miércoles, marzo 17, 2010

Vestimentas ajenas

Cuando me visto poeta, la injusticia amaina, la angustia palidece y se oxigenan mis latidos. Cuando me visto poeta el aire huele mis sonidos y se derrumba el gris disfraz que ahorca a diario mis sentidos. El refugio abre sus brazos a mi cansancio, bañando de calma cada trozo de este corazón dormido. Cuando me visto poeta, la complicidad me encubre de aliento, y se humedece mi alma con el talentoso bálsamo de mis camaradas de versos. Así, mi refugio también ofrece respuesta a mi inspiración, y no se desvanecen en el aire mis balas de alma envueltas de palabras. Cuando me visto poeta, desaparezco en la alegría de mis deseos, mientras observo desde lejos la ignorancia geométrica de las masas uniformes. Aquí me pierdo para ser con gusto el que siempre llega tarde, el que no sabía de asomo alguno de ese fuego de tinta e historias que hacía erupción mar adentro. Cuando me visto poeta... cuando respiro poeta, sé que ya no habrá soledad que vacíe su noche en mis sueños; que ya no fluirá cansada la sangre al despertar. Cuando me visto poeta, me entero que cada borde de lágrimas no fue estupidez que anestesió mi crecer. Cuando me visto poeta, me oculto de versos para volver a crecer mi bien... para pintar de sentido mi ayer. Y así incendiar de gestos honestos el alma de los que quieren creer en mí, cuando me visto poeta.