miércoles, junio 03, 2009

Maldita Ciudad


"El padre de Amaya me dijo una vez que una ciudad no se mide tomando en cuenta por lo que ta da, sino por aquello que no te quita".

Alberto Fuguet en el cuento "Extras"

No. Las ciudades no son absolutamente de quienes nacen, viven y mueren allí. Ni de los grupos familiares, apellidos y clanes que las dotan de su idiosincracia, carácter y costumbres. No.
También pueden ser tuyas. Más bien, si lo quieres y posees las suficientes dosis de memoria banal, se convierten en directas prolongaciones de tu organismo, en todas las dimensiones posibles, pero de forma especial de tus emociones.
En solitario o en conjunto, hayas sido pequeño o más grande, cada rincón de la ciudad puede llegar a ser tu vida misma hecha calle, esquina, plaza o avenida. Las recorres con frecuencia o muy a lo lejos, pero en ese aparente ejercicio, hijo de la más imberbe rutina, algo de ti se desprende y se mimetiza con ese entorno. Y nunca eres capaz de advertirlo en su momento.
Tiene que pasar algo de tiempo para que, emociones y recuerdos abiertos de por medio, ese trozo de ti que se quedó en algún rincón te detenga como una bofetada fría. Y sientes, hueles, oyes y ves ese pedazo de experiencia que sabe a risa y/o dolor; y que como una ola sin escape, te envuelve para tirarte, dejarte inerte por unos segundos, y hacerte sentir vivo otra vez.
Tu vista puede que esté aún en las miradas furtivas y silentes del transporte público, o en los rostros presurosos que entran y salen de las filas públicas. Quizás tus piernas yacen todavía cansadas en viejas escalinatas roídas por el tiempo, o bien, tiemblan aún en las esquinas del ese primer beso con sabor a nervio y miedo. Y hasta puede que de la misma forma,tu corazón esté tirado en un andén de metro, en el banco de una plaza o chorreando pena por una despedida en un terminal de buses.
Tu ciudad sabe tanto de ti pero sólo para ti. No revela ni indica secretos a extraños porque conoce bien la necesidad de permanecer ocultos de tus recuerdos. Y está al tanto de que, por más que no quieras o reniegues, volverás a ella cuando intentes amortiguar los dolores instantáneos que te cazen desprevenido.
Porque sabe a amigos, promesas, revelaciones, mentiras, derrotas, entrega, rompimientos, despedidas, 'primeras vistas', abrazos, cariño, risa y llanto. Cada esquina te espera siempre para prender tu corazón y avanzar o rebobinar; según sea tu dispoción de la mañana. O de la noche húmeda.
A cada cual las nombras como quieres. Y puede que aunque no lo desees, esa categoría lleve el título de una mujer u hombre. De un mal o buen recuerdo. De un vivo o un fantasma. O de algún ente inasible que aún te clave en tu frustración o deseo.
Son canciones, fotografías, textos, besos, rostros y promesas mirando a los ojos. Allí, perennes y siempre dispuestas a devolverte lo que dejaste, o a mostrarte lo que puede ser. Lo que no fue y lo que posees hoy. Son de ti, de tu amor y tu sombra. Vívelas y vuelve a las que sólo visitaste una vez. Es necesario. Siempre habrá una para construir. Una para ti.