jueves, diciembre 24, 2009

Te aguardo

Llegas vestida de noche. Con la mirada mustia de tanto planear. Y acoges la explosión de cientos que gritan tu 'no nombre' en la enormidad. Donde nadie oye mi voz. Ni sabe de tu ardor. Donde se avistan cansadas las ganas. Allí transitas libre y ajena. Serpenteándote tras la luz húmeda de la mañana. Recoges tu vestido y hundes tu caminar en el profundo olvido. Bañas tu cabellera negra de sol y promesas. Encoges los rumores y pintas otra vez las certezas. Y trazas en la arena la inicial de los próximos sucesos del pueblo. Mientras te aguardo y te sitúo en el centro de mis clamores y ruegos. No quiero tu nombre, no deseo tu vista, no clamo tu compañía. Bien sabes que la contradicción me ilumina. Sólo pretendo un rincón en tu enormidad. Donde nadie oye mi voz. Ni se sabe de tu ardor. Donde las almas aguardan su turno para iniciar el baile eterno de la espuma. Allí pretendo arrinconarme. Para que me bañes de sol y promesas, me enrieles en la ruta, y pongas nuevamente mi raíz en el andén de la certeza.

viernes, noviembre 20, 2009

Danza ciega

Miradas furtivas
miedos anestesiantes
el azar de frente cada martes

Pasillos, esquinas y rincones del viejo pueblo
Él sabe lo que su ansia quema
la gente vocifera que todo es por pena

Intenciones que no cruzan razón
ella ignora aquél deseo agazapado
ni siquiera intuye ese amor acorralado

Un viejo amigo pasó y gritó al silencio
razones por mil para ser amantes
pero su única opción ya la selló el antes

Lo incierto le clavó entrecortadas convicciones
"puede que su amor no tenga precio,
tal vez emane algo más que desprecio"

Pero ya lo dijo su estrella en lo alto
cuando desparramó vacío el oscuro presente
ahogando intenciones y palabras inertes

Continuarán su danza ciega por las mañanas
regresarán una y mil veces al mismo camino
pero está escrito: rozarse en los bordes es su destino

lunes, octubre 26, 2009

Lunes

Como comprender
Como asimilar
Como desterrar

El dibujo del nudo inexpugnable
los anillos de esta hoguera
la ruta al vacío de esta quimera

Fantasma del día sin aviso
disfraz de la noche sin descanso
Pálido, gris, en letargo

Puñales afilados a la luna
un largo callejón silente
húmeda inquietud sonriente

Sin sabor, sin razón, sin mentor
enganchada se quedó la alegría
en la mochila del cansancio cada día

Eterno rodar de lo evidente
sinsabores, dudas, miedo
el cuerpo como un exiguo remedo

No las busquen, no las llamen
las ganas se hundirán impune
este es el desgraciado sabor de un lunes

jueves, octubre 22, 2009

Vieja ruta

Le exigimos a la vida que devuelva las ganas. Que no deje de pulsar la luz de la manaña. Que nos abra las pupilas y nos arranque el roído placer. Aquél que tantas veces se disfrazó en la corriente para humedecer el ansia hasta el hartazgo. Reclamamos el regreso de la envidia en flor. Pedimos la vuelta del mejor color de ayer. Apelamos por el cofre de sonrisas extraviado en el tiempo de penumbra. Pues el desvelo incansable forjó un corazón que ya no sabe de ahogo. Izó hasta el extremo más alto la esperanza. Fijó la ruta en contracorriente haciendo burla del ocaso. Nos arrojó de nuevo al espiral de la aventura. Y nos llenó de nubes el nervio por el nuevo comienzo. Ya rebobinamos el nudo sin habla. Le pusimos candado a las miradas del miedo. Nos vestimos de la misma inocencia del nido. Blandimos firme la espada inquieta de la búsqueda. Formamos una hilera frente al derroído portal de la partida. Y uno a uno nos entregamos al frío del vacío. Todo vuelve a su lugar. De aquí se erige la nueva opción. Somos hoy, respiramos presente. Escribiremos, otra vez, en la vieja ruta de lo incierto.

miércoles, octubre 21, 2009

En la orilla

Cuando la rabia se aquiete
Cuando las viejas esquinas nos vuelvan a cruzar
Cuando la pena sólo sea una ciega pasajera
Cuando la vida nos devuelva el papel protagónico
Cuando cambie un puñado de ansia por calor

Ya no desconfiarás de los cronistas
Volverás a cruzar el panteón de la vieja ciudad
Valorarás el mantra de mi recuerdo
Absorverás cada gota de mi presencia
Comprenderás que ya no puedes ocultarte
Culminarás por saber de mi

En una tarde quemante de sur y de pies descalzos
Anclados al viejo puente que nunca conectó las almas
Ocultarás tu verdad tras tu pelo ensortijado
De mentiras blancas y sentimientos ahogados
Mi indiferencia dejará tu cordura en ciernes
Mi paciencia exasperará tu inmadurez

Cuando las gotas de luz nos hagan abandono
Y la penumbra amenace nuevamente con aplastarnos
Allí, puestos otra vez en la orilla
Ahogaremos la mentira
Le haremos un funeral a la distancia
Enterraremos el puñal de la ignorancia
Pondremos lápida a la inconstancia

Y caminaremos de regreso
Por la ancha alameda del futuro
Tomarás mi mano
Callarás el obsesivo realismo
Soltarás el ahogo de tu sentimiento
Te envolverás de la negada valentía

Y serás mía para siempre...

viernes, julio 31, 2009

Gente (ya no) enchufada


Una pequeña reflexión-teoría sobre un fenómeno que a diario vemos en las arterias y el transporte público de todo el país. Los reproductores portátiles de música llegaron para tomarlo e invadirlo todo. Inclusive tu metro cuadrado. Tu pequeña parcela individual que antes fue sonoramente impenetrable, hoy ya no lo es.

Hace casi 4 años, redacté una columna en este mismo espacio en la cual me definía como un “…dependiente de la música transportable, portátil e individual. Del placer único de compartir acordes, himnos, ritmos y decibeles sólo entre mis tímpanos y mi mente. Sin intermediarios”.
La auto-alusión provenía de mi gusto por una columna del escritor Sergio Gómez que se titula ‘Gente Enchufada’. Me agradaba cómo describía esa conducta autista y casi anárquica de pasar gran parte del día conectado a unos audífonos.

Gómez escribía: “no faltan los que odian el aparato –detestan la palabra en inglés- y dicen que es el mejor ejemplo para demostrar el individualismo exasperante de la juventud de los noventa. Puede ser. (…) El personal es un invento que representa el ‘no pescar a nadie’, pero también es un acto de digna rebeldía ante el murmullo vicioso de la ciudad; (...) de hecho, viajar en bus o en tren sin un personal, es, a estas alturas, igual que hacerlo sin pasajes. La vida diaria necesita de una banda sonora para todas las películas que pasan frente a nuestros ojos. Pero, por sobre todo, que sea el sonido elegido por cada uno y no un sonido impuesto. (…) Enchufarse al personal es ejercer el derecho básico a la intimidad que debiera tener cada uno con su propia cabeza”.

Hoy, ese ‘derecho básico’ cumplió 30 años. En rigor, Sony, la marca que creó y fabricó el primer modelo de ‘Walkman’, el ‘TPS-L2’, es quien conmemora tal aniversario. De seguro Masuka Ibuka y Akio Morita, fundadores de la compañía y gestores de la idea el 1 de Julio de 1979, no pensaron que su invención, bajo el eslogan “En cualquier sitio y cualquier momento”, llegaría a vender 385 millones de dispositivos en todo el mundo.

30 años en que no sólo los modelos, el tamaño, peso, transportabilidad y los soportes a reproducir han transmutado. Los personal estéreo fueron evolucionando también de la mano con los soportes musicales del momento. Casettes, cedés y mp3’s orientaron igualmente las piezas tecnológicas que los han ido constituyendo. Una cadena evolutiva que también ha evidenciado cambios en sus usuarios.

Pues al margen de los tamaños y colores, el advenimiento de la música comprimida y digitalizada llevó a cierta democratización de su acceso. Hoy ya no es necesario el poder adquisitivo para su obtención. Basta un buen ancho de banda de internet y el reproductor y/o teléfono celular ya están ‘cargados’.

Y no sólo eso. Hoy visualizamos, además, cambios en la forma de auditar la música transportable. Los audífonos han ido siendo relegados para dar paso al simple parlante que amplifica todo. Así como de seguro viste a un trasher caminar al hombro con una radio gigante en los 80’s, o a tu abuelo dirigirse al estadio con una pequeña radio portátil.

Hoy se trata de que el gusto ‘personal’ sea conocido por los demás. De que todo el mundo se entere de qué llevas en tu playlist digital. De imponer a punta de volumen y desfachatez tus artistas favoritos al que va a tu lado. Nada de reservas ni misterios. Lo individual ‘debe’ ser conocido por el resto. Más todavía si se es un seguidor del popular ‘reggeaton’.

Dice una teoría mundana que la diferencia entre hombres y mujeres, aplicada a un plano exclusivamente sexual, tiene que ver con que los primeros son ‘hacia fuera’, y su contraparte ‘hacia dentro’. Órganos externos y momento cúlmine orgásmico de expulsión son parte del hombre, que por cierto, se contrapone a la configuración ‘interiorista’ del organismo femenino, que hace de las contracciones internas su punto de clímax natural.

¿Podríamos hablar entonces de que la forma de escuchar la música, sobre todo en nuestro país, ha mutado de algo ‘femenino’ a una expulsión ‘masculina’? Me atrevería a afirmarlo. Quizás no existe ni cabe una explicación lógica o científica. Pero si en cada microbús, fila pública o paradero hay tipos y tipas vomitándote en tu oído lo que a ellos les gusta, me resulta imposible no recordar que en otros tiempos, ‘la cosa era con audífonos’.

Éramos más contemplativos, más exquisitamente individualistas. Ejercíamos “el derecho básico a la intimidad que debiera tener cada uno con su propia cabeza”. Cosa que resulta cada vez más difícil con tipos y tipas ‘eyaculándote’ regeeaton en cada esquina. Señores Ibuka y Morita: los melómanos respetuosos de antaño demandamos una urgente una campaña que devuelva a su sitial a los menospreciados audífonos. Es justo y necesario.

miércoles, junio 03, 2009

Maldita Ciudad


"El padre de Amaya me dijo una vez que una ciudad no se mide tomando en cuenta por lo que ta da, sino por aquello que no te quita".

Alberto Fuguet en el cuento "Extras"

No. Las ciudades no son absolutamente de quienes nacen, viven y mueren allí. Ni de los grupos familiares, apellidos y clanes que las dotan de su idiosincracia, carácter y costumbres. No.
También pueden ser tuyas. Más bien, si lo quieres y posees las suficientes dosis de memoria banal, se convierten en directas prolongaciones de tu organismo, en todas las dimensiones posibles, pero de forma especial de tus emociones.
En solitario o en conjunto, hayas sido pequeño o más grande, cada rincón de la ciudad puede llegar a ser tu vida misma hecha calle, esquina, plaza o avenida. Las recorres con frecuencia o muy a lo lejos, pero en ese aparente ejercicio, hijo de la más imberbe rutina, algo de ti se desprende y se mimetiza con ese entorno. Y nunca eres capaz de advertirlo en su momento.
Tiene que pasar algo de tiempo para que, emociones y recuerdos abiertos de por medio, ese trozo de ti que se quedó en algún rincón te detenga como una bofetada fría. Y sientes, hueles, oyes y ves ese pedazo de experiencia que sabe a risa y/o dolor; y que como una ola sin escape, te envuelve para tirarte, dejarte inerte por unos segundos, y hacerte sentir vivo otra vez.
Tu vista puede que esté aún en las miradas furtivas y silentes del transporte público, o en los rostros presurosos que entran y salen de las filas públicas. Quizás tus piernas yacen todavía cansadas en viejas escalinatas roídas por el tiempo, o bien, tiemblan aún en las esquinas del ese primer beso con sabor a nervio y miedo. Y hasta puede que de la misma forma,tu corazón esté tirado en un andén de metro, en el banco de una plaza o chorreando pena por una despedida en un terminal de buses.
Tu ciudad sabe tanto de ti pero sólo para ti. No revela ni indica secretos a extraños porque conoce bien la necesidad de permanecer ocultos de tus recuerdos. Y está al tanto de que, por más que no quieras o reniegues, volverás a ella cuando intentes amortiguar los dolores instantáneos que te cazen desprevenido.
Porque sabe a amigos, promesas, revelaciones, mentiras, derrotas, entrega, rompimientos, despedidas, 'primeras vistas', abrazos, cariño, risa y llanto. Cada esquina te espera siempre para prender tu corazón y avanzar o rebobinar; según sea tu dispoción de la mañana. O de la noche húmeda.
A cada cual las nombras como quieres. Y puede que aunque no lo desees, esa categoría lleve el título de una mujer u hombre. De un mal o buen recuerdo. De un vivo o un fantasma. O de algún ente inasible que aún te clave en tu frustración o deseo.
Son canciones, fotografías, textos, besos, rostros y promesas mirando a los ojos. Allí, perennes y siempre dispuestas a devolverte lo que dejaste, o a mostrarte lo que puede ser. Lo que no fue y lo que posees hoy. Son de ti, de tu amor y tu sombra. Vívelas y vuelve a las que sólo visitaste una vez. Es necesario. Siempre habrá una para construir. Una para ti.




viernes, marzo 06, 2009

Lo mejor de ti

Rob Gordon, en ‘Alta Fidelidad’ decía que realizarlo requería de precisión y dedicación para que cada pieza encaje y fortalezca el todo.

No recuerdo si el personaje interpretado por John Cusack lo dijo así exactamente, pero en aquella escena, audífonos colgando del cuello y con un casette en la mano, el tipo intentó graficar lo que para un fan de la música (amplia y diversa, pero cruzada por el egocéntrico discurso del ‘buen gusto’) puede llegar a representar el simple acto de condensar en algún soporte musical un puñado de canciones.

Temas para una novia, acompañar un largo viaje o para hacer más llevaderas las horas frente a un PC. Los motivos para aglutinar diversos intérpretes, estilos y temáticas sonoras se pueden contar infinitamente, y no hay, creo, otro momento más cercano para sacar fuera al Dj mezclador que más de alguien lleva dentro.

Los avances tecnológicos han favorecido también este proceso artesanal de resumir sonoridades. Si en gran parte de los 80’s y 90’s los compilados se hacían apretando juntas las teclas ‘rec’ y ‘play’ del viejo equipo stereo, cuidando que no se colara la voz del locutor o un aviso comercial de la radio favorita; una década más tarde todo se simplifica arrastrando el tema escogido dentro del playlist del reproductor personal.

Hoy me atrevo a afirmar que muchos circulamos por la vía pública inmersos bajo nuestros audífonos, y tarareando los compendios sonoros que previamente organizamos seleccionando un tema de aquí y de allá. Hace unas semanas mi fugaz compañera de viaje en un bus interprovincial me lo confirmó. Tras girar el tema de conversación hacia la música, le lancé mi clásica interrogante sobre qué llevaba en su reproductor, ante lo cual contestó con un simple: “de todo. Escucho de todo en mi mp3”.

En mi caso particular, la ausencia de radios del tipo Horizonte y Zero del dial regional me obligaron hace ya un buen tiempo a crear un popurrí con diversas canciones presentes en mi PC personal, las cuales trasladé a una carpeta que ilusa e inexplicablemente tildé como “cosas que me gustan”. De esta forma hago un poco más apacible el retorno a casa tras la jornada laboral, sobre todo cuando la radiofonía de la zona se ha encargado de dejarme al margen conforme pasa el tiempo.

Quizás esto de seleccionar, ordenar y apretar play a lo que más nos gusta es una suerte de extrapolación de actos cotidianos de la vida misma, en que todo pasa y gira tan galopante que ya no queda tiempo para dar largas repasadas al ‘todo’. Cuando estás conociendo a alguien que te interesa, o al enfrentar una entrevista de trabajo, debes escoger y sacar fuera lo mejor de ti para agradar y convencer. Es decir, y haciendo una rara analogía, vas y compilas lo mejor de tus rasgos para entregárselo a alguien.

Claro, quedan varios ítems fuera y bajo la sombra de lo desconocido, pero es parte, o la gracia de entregar las mejores compilaciones del ‘yo’. Lo demás (lo malo, lo no atrayente) lo guardamos para más adelante. Lo que importa primero es convencer con lo mejor de lo nuestro. Como aquellas compilaciones que suenan bien y gustan tanto desde el primer al último tema. Convincentes y ‘redonditas’. ‘Lo mejor de lo mejor’.